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ESPACIO AÉREO

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El espacio aéreo es la porción de la atmósfera terrestre situada sobre el territorio y las aguas territoriales de un Estado, en la que dicho Estado ejerce soberanía exclusiva. Esta soberanía implica que el Estado tiene el derecho a regular el uso del espacio aéreo, incluyendo la entrada y salida de aeronaves, y a imponer sus leyes y reglamentos en materia de navegación aérea. De acuerdo con el tipo de operaciones que alberga, el nivel de seguridad y el movimiento de aviones, se puede hablar de distintos tipos de espacios aéreos, como el espacio aéreo controlado o el espacio aéreo de uso especial, términos que exceden el nivel de conocimiento que esta obra pretende transmitir.

Actualmente, no hay un límite acordado que establezca donde termina el espacio aéreo y donde comienza el espacio ultraterrestre, pero muchos países asumen los 30 mil metros como el límite entre el espacio aéreo (el que está bajo jurisdicción nacional) con el espacio exterior o cósmico (el que no está bajo jurisdicción nacional). Sin embargo, el récord de un avión lo tiene un Mig 25 (avión militar) que llegó a 37,6 km de altura. Asimismo, la Federación Aeronáutica Internacional considera 100 km como el límite del espacio exterior, mientras que Estados Unidos llama astronauta a cualquiera que supere los 80 km, y la primera órbita que se considera estable está a 160 km de altura; por lo que el día que este límite sea formalizado en un Convenio Internacional, probablemente oscilará entre los 30 km y los 160 km de altura.

El Convenio de Chicago de 1944 sobre Aviación Civil Internacional es el principal instrumento que regula la navegación aérea internacional y establece el marco para la gestión y el control del espacio aéreo. El Convenio de Chicago reconoce la soberanía exclusiva de los Estados sobre el espacio aéreo que se encuentra sobre su territorio. Esto significa que ninguna aeronave extranjera puede sobrevolar el espacio aéreo de un Estado sin su consentimiento expreso, lo que puede ser otorgado a través de tratados bilaterales o permisos específicos. Además, el Convenio establece la obligación de los Estados de garantizar la seguridad de la navegación aérea dentro de su espacio aéreo, proporcionando servicios de control de tráfico aéreo y facilitando la cooperación internacional en la gestión del tráfico aéreo. Los Estados también tienen la responsabilidad de investigar y sancionar violaciones de las normas de aviación que ocurran en su espacio aéreo.

Un ejemplo real que ilustra las implicancias prácticas del concepto de espacio aéreo es el trágico incidente del vuelo MH17 de Malaysia Airlines, derribado en 2014 mientras sobrevolaba el este de Ucrania. En este caso, el vuelo MH17 se encontraba en espacio aéreo internacional, pero sobre una zona en conflicto armado. A pesar de que las autoridades ucranianas habían cerrado el espacio aéreo a vuelos por debajo de cierto nivel, el vuelo MH17 volaba a una altitud que aún se consideraba segura. El derribo del avión puso de manifiesto los riesgos asociados con el sobrevuelo de zonas de conflicto y la necesidad de una mayor coordinación internacional para la gestión segura del espacio aéreo en situaciones de conflicto. También resaltó la importancia de las normativas del Convenio de Chicago en la protección de las aeronaves civiles y la obligación de los Estados de garantizar la seguridad en sus espacios aéreos.

EVOLUCIÓN DE LA NAVEGACIÓN AÉREA

La navegación aérea ha experimentado una notable evolución desde los primeros vuelos a principios del siglo XX. En sus inicios, las regulaciones sobre el uso del espacio aéreo eran escasas debido al alcance limitado y la capacidad rudimentaria de las aeronaves. Sin embargo, con el rápido desarrollo de la aviación, tanto comercial como militar, surgió la necesidad de establecer un marco normativo internacional que garantizara la seguridad y eficiencia de la navegación aérea.

A medida que la aviación comenzó a ganar importancia, se planteó un debate entre dos principios opuestos: el principio de la “libertad del aire” y el principio de “soberanía estatal sobre el espacio aéreo”. La libertad del aire sugería que los cielos debían ser accesibles para todos sin restricciones, mientras que la soberanía estatal abogaba por el control exclusivo de cada Estado sobre el espacio aéreo situado sobre su territorio.

El principio de soberanía prevaleció y fue formalizado en el Convenio de París de 1919, estableciendo que cada Estado tiene control exclusivo sobre el espacio aéreo situado sobre su territorio. Este principio se consolidó durante la Segunda Guerra Mundial, y, hacia el final del conflicto, la necesidad de regular el comercio aéreo internacional llevó a la celebración de la Convención sobre Aviación Civil Internacional en Chicago en 1944.

LA CONVENCIÓN DE CHICAGO DE 1944

La Convención de Chicago de 1944 es el pilar fundamental que rige la aviación civil internacional. Entre las normas básicas establecidas en este instrumento, se destacan:

Uno de los temas más controvertidos durante la negociación de la Convención de Chicago fue la regulación de la aviación comercial internacional, particularmente en lo que respecta a las “libertades del aire”, que son derechos de tránsito concedidos por un Estado a las aeronaves de otro Estado para que sobrevuelen su territorio o realicen operaciones comerciales. Las cinco libertades del aire son:

  1. Libertad de sobrevuelo: El derecho a sobrevolar un territorio extranjero sin aterrizar.
  2. Libertad de escala técnica: El derecho a aterrizar en territorio extranjero por razones técnicas, sin desembarcar pasajeros o carga.
  3. Libertad de desembarcar: El derecho a desembarcar pasajeros, correo y mercancías en un territorio extranjero, que fueron embarcados en el Estado de origen de la aeronave.
  4. Libertad de embarcar: El derecho a embarcar pasajeros, correo y mercancías en un territorio extranjero con destino al Estado de origen de la aeronave.
  5. Libertad de transportar: El derecho a embarcar pasajeros, correo y mercancías en un territorio extranjero con destino a otro territorio extranjero.

A pesar de los esfuerzos, los desacuerdos entre los Estados que defendían una postura liberal y aquellos con una postura proteccionista no pudieron ser resueltos. Como resultado, la Convención de Chicago no estableció un sistema multilateral para la concesión de estas libertades, dejando su regulación a acuerdos bilaterales entre Estados. Un ejemplo concreto de la aplicación de las libertades del aire se encuentra en los acuerdos bilaterales de servicios aéreos. Un caso destacado es el “Acuerdo de Cielos Abiertos” entre Estados Unidos y la Unión Europea, firmado en 2007. Este acuerdo concede amplias libertades del aire, permitiendo a las aerolíneas de ambas partes operar vuelos sin restricciones entre cualquier ciudad de la Unión Europea y cualquier ciudad de Estados Unidos. El acuerdo promueve la competencia, reduce las barreras al comercio aéreo y ha facilitado un aumento significativo en la conectividad transatlántica.

SEGURIDAD DE LA NAVEGACIÓN AÉREA

A lo largo de la historia, la comunidad internacional ha desarrollado una serie de tratados para prevenir y sancionar actos ilícitos que pongan en peligro la seguridad de la navegación aérea, particularmente en aeronaves civiles. Entre estos tratados destacan:

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