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Según el artículo 957, el contrato es el acto jurídico celebrado entre dos o más partes que manifiestan su consentimiento para regular, modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas patrimoniales. Por ello, resulta esencial definir quiénes son las partes involucradas en un contrato.

En este sentido el artículo 1023, si bien no define “qué” es ser parte, establece claramente “quiénes” son parte del contrato:

ARTÍCULO 1023.- Parte del contrato.

Se considera parte del contrato a quien:

a) lo otorga a nombre propio, aunque lo haga en interés ajeno;

b) es representado por un otorgante que actúa en su nombre e interés;

c) manifiesta la voluntad contractual, aunque ésta sea transmitida por un corredor o por un agente sin representación.

Para comprender esta norma es necesario, en primer lugar, esbozar una definición del término “parte” en el ámbito del derecho contractual. Las partes son aquellos sujetos que, por sí o por representante, se han puesto de acuerdo sobre una declaración de voluntad común, concurriendo a la formación y consentimiento del contrato; son quienes se han obligado a cumplir determinadas prestaciones y han adquirido ciertos derechos. En este marco es posible decir que “parte” es el sujeto cuya esfera jurídica se ve afectada por los efectos de un contrato, ya sea por su propia actuación o por la de otro sujeto con o sin representación. Por ejemplo, imaginemos un contrato de compraventa de un automóvil, en el que las partes involucradas son el vendedor y el comprador. El vendedor firma el contrato y transfiere la propiedad del automóvil al comprador, quien también firma el mismo documento. En este caso de ejemplo nos encontramos en el marco del inciso a) del artículo 1023, debido a que ambas partes otorgan el contrato a nombre propio.

La definición de parte que vimos en el párrafo que antecede debe ser escindida del concepto de otorgante. Otorgante es quien ejecuta materialmente el acto jurídico dentro del contrato, pero solo será parte cuando lo haga en beneficio propio, mientras que si “otorga” el acto en representación de otro no será parte a pesar de ser otorgante.

Es decir, que el otorgante puede celebrar el contrato en su propio nombre, actuando como parte del contrato, o en nombre de otro, actuando como representante o comitente. En el primer caso, el otorgante es directamente afectado por los efectos del contrato y tiene prerrogativas jurídicas propias. En el segundo caso, el otorgante actúa en representación de otra persona, quien será la parte beneficiaria del contrato.

Para facilitar la comprensión de estos conceptos analicemos el siguiente ejemplo. Imaginemos un contrato de compraventa de un inmueble, en el que las partes involucradas son el vendedor y el comprador. El vendedor actúa como otorgante del contrato al transferir la propiedad del inmueble al comprador. Por otro lado, el comprador también actúa como otorgante al adquirir el automóvil y asumir las obligaciones relacionadas con la compra. Ambas partes son directamente afectadas por los efectos del contrato y tienen prerrogativas jurídicas propias en virtud del mismo.

Pero también podría suceder que quien compre el inmueble lo haga actuando en representación de otra persona. Por ejemplo, supongamos que Juan se va a mudar a España y le otorga un poder a María para que ella venda su casa en Buenos Aires cuando encuentre un comprador dispuesto a pagar el precio. Luego de dos meses Manuel ofrece el dinero suficiente y María vende el inmueble. En ese caso, partes serán Juan (vendedor) y Manuel (comprador). Obsérvese como a pesar de intervenir en el acto jurídico como otorgante, María no es parte, sino que es representante. En este caso de ejemplo nos encontramos en el marco del inciso b) del artículo 1023, debido a que la parte vendedora actúa por medio de un representante.

Finalmente, el inciso c) del artículo 1023 prevé que es parte aquel que “manifiesta la voluntad contractual, aunque ésta sea transmitida por un corredor o por un agente sin representación”. Este es el típico caso de los alquileres a través de una inmobiliaria. Por ejemplo, supongamos que Juan tiene un departamento en la ciudad de Mendoza y desea alquilarlo. Para ello se dirige a la inmobiliaria más cercana y entrega las llaves para que sea publicado. Luego, Romina, interesada en alquilarlo hace una oferta que es transmitida por el agente inmobiliario al propietario del departamento. Juan acepta y se perfecciona el contrato. Obsérvese como Juan y Romina son partes, pero la voluntad contractual de Juan fue manifestada por un corredor sin representación, debido a que Juan no le había otorgado un poder de ningún tipo a la inmobiliaria.

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